Extrañar a
alguien no significa querer que vuelva.
jueves, 10 de julio de 2014
-Y tú, ¿qué quieres?
+Mm.. Quiero tocar las estrellas, quiero una casa en primera linea de playa, quiero tener un buen coche..
-No, tonto, sabes a lo que me refiero..
+Lo sé, lo sé.
-Pues venga, respóndeme..
+¿Puedes repetirme la pregunta?
-¿Otra vez?
+Sí, venga..
-Esta bien..
+ Y tú, ¿Qué quieres?
-¿Que qué quiero? Quiero levantarme por las mañanas y ver tu cara nada más abrir los ojos, quiero que me llames todos los días, que te preocupes si no estoy bien, que me preguntes, que me llames princesa, que me abraces, que me beses, que te pongas celoso de otros chicos, quiero tenerte cerca, que intentes hacerme reír, que te mueras por verme todos los días, que no llegues tarde, que salgas únicamente para verme a mí, que no dejes de lado a tus amigos por mí, que vivas cada día como si fuese el primero, que me digas te quiero cuando lo sientas, quiero vivir un sueño, nuestro sueño.
+Mm.. Quiero tocar las estrellas, quiero una casa en primera linea de playa, quiero tener un buen coche..
-No, tonto, sabes a lo que me refiero..
+Lo sé, lo sé.
-Pues venga, respóndeme..
+¿Puedes repetirme la pregunta?
-¿Otra vez?
+Sí, venga..
-Esta bien..
+ Y tú, ¿Qué quieres?
-¿Que qué quiero? Quiero levantarme por las mañanas y ver tu cara nada más abrir los ojos, quiero que me llames todos los días, que te preocupes si no estoy bien, que me preguntes, que me llames princesa, que me abraces, que me beses, que te pongas celoso de otros chicos, quiero tenerte cerca, que intentes hacerme reír, que te mueras por verme todos los días, que no llegues tarde, que salgas únicamente para verme a mí, que no dejes de lado a tus amigos por mí, que vivas cada día como si fuese el primero, que me digas te quiero cuando lo sientas, quiero vivir un sueño, nuestro sueño.
Dicen que cuando pasa uno de los pocos trenes que pasan en la vida debes
subirte a él sin tener en cuenta el lugar o la fecha. Que da igual si llueve,
nieva o hace sol, eso no importará, dentro de él te sentirás protegida de todo
lo que pueda pasar fuera.
Pero… ¿y si el maquinista de ese tren no
sabe dónde quiere ir? Solo quiere que tú estés dentro, lo demás no le importa.
¿Qué valiosa te debes de sentir en ese momento, no? Van pasando las paradas,
pero a él no le importa si hay alguien esperando, pasa por allí porque es su
cometido, aunque ni se detiene.
Lo único
que le preocupa es que tú estés presente en su tren. Te sientes protegida,
¿pero merece la pena no poder salir? Dentro no te ocurre nada perjudicial, pero
tampoco nada que se salga de lo normal, de lo que acabas aborreciendo. Los
vagones poco a poco se van deteriorando, incluso cuando hay fuertes ventiscas
se llegan a desprender del resto del tren. Ahora en él ya no estás tan
protegida, de hecho, es invierno, y no hay día en el que no te tengas que
preocupar sobre si lloverá o nevará. ¿Recordáis lo que dije al principio? ‘Que
da igual si llueve, nieva o hace sol...’
¿Dónde queda ahora eso? Supongo que en el mismo lugar donde queda el ‘...sin tener en cuenta el lugar o la
fecha’ porque los días van pasando, y solo puedes sacar cosas perjudiciales de
tu estancia en ese tren.
Ahí es
cuando te das cuenta de que debes bajar, dar las gracias por el viaje, sí, pero
disculparte por no poder permanecer allí, por no poder o querer seguir
pasándolo mal solo para satisfacer a alguien, en este caso, el maquinista del
que en algún lugar y en algún momento, fue tu tren.
Se puede tener miedo a infinidad de cosas o
sentimientos. Se puede tener miedo tanto a las arañas como a enamorarse, y todo
el mundo, sin excepción ninguna, le tiene miedo a algo.
¿Pero qué pasa cuando el miedo es a que vuelvan
cosas del pasado que creías ya olvidadas? Cosas que por muy minúsculas que
sean, te pueden cambiar el presente de una forma abrumadora.
Cuando es a las arañas, puedes alejarte de ellas o
incluso puedes destruirlas, pero en este caso las cosas no son tan fáciles, al
igual que no decides enamorarte, ocurre y ya está. Supongo que el miedo no te
lo puede quitar nadie, ni tú misma, pero hay que sabe enfrentarse a él con
total normalidad, que ni si quiera sepa que existe.
Lo malo es cuando ese miedo se convierte en
realidad, cuando a lo que le tenías miedo vuelve y te cambia todo, ahí ya estás
perdida, chica.
La verdad está ahí, entre cientos de mentiras.
Sal a la calle, levanta la mirada y busca al sol
con ella. ¿Lo tienes? Levanta el dedo pulgar de alguna de tus manos e intenta
taparlo. ¿Qué ocurre?
¿De qué nos sirve decir una pequeña mentira cuando
sabemos que la verdad hará mucho daño? ‘No se enterará, además, tampoco tiene
demasiada importancia…’ Cuando mentimos y nadie se percata de la verdad, la
mentira se va haciendo más y más grande y quizás lo que al principio era un
grano de arena, hoy es un desierto y las consecuencias de que esa mentira salga
a la luz son desmesuradas. ¿El verdadero problema? Que ya es tarde para hacer
las cosas bien, muy tarde.
Antes viste que algo tan sumamente grande no se
tapa con un dedo. Y entonces, ¿cómo puedo tapar el sol si no es con un solo
dedo? Te quedan 9 más, podrías usarlos. Le quitarían importancia al que
utilizaste al principio, pero siempre estará ahí, ayudando junto con los demás.
Y una gran mentira, ¿con qué se cubre? Con más
mentiras. Es un bucle infinito. Hasta que la propia verdad te estalle
en la cara. ¿Qué harás entonces? Solo te quedará pedir perdón y esperar a que
algún día esa ‘pequeña’ mentira y el recuerdo que dejaste por haberla
mencionado desaparezcan. Pongamos ‘perdón’ en lugar de ‘dedo’ y recuerda; algo
tan sumamente grande no desaparece con un simple dedo.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)